425 niños del Maule esperan una familia: la jornada que puso ese número frente a quienes pueden hacer algo al respecto
La Seremi de Desarrollo Social y el Servicio de Protección a la Niñez capacitaron a funcionarios públicos para que se conviertan en voceros del acogimiento familiar, una figura que da hogar temporal a niños que han sufrido graves vulneraciones de derechos.
La dinámica con la que comenzó la jornada fue simple y poderosa: pedir a los funcionarios que recordaran su propia infancia, los abrazos, los juegos, las personas que los hicieron sentir seguros. Y luego contrastar ese recuerdo con una realidad que muchos conocen de nombre pero pocos sienten de cerca: en el Maule hay 425 niños y niñas viviendo en sistemas residenciales porque no tienen una familia que los acoja. El seremi de Desarrollo Social y Familia, Pablo Olivares, fue directo en el mensaje que quiso dejar a los directivos y funcionarios reunidos en la jornada: cada uno de ellos se vincula con la comunidad en distintas instancias, y esa posibilidad de contacto los convierte en potenciales agentes de cambio para una causa que necesita más voces y más familias dispuestas a abrir sus puertas.
El acogimiento familiar no es adopción ni es permanente. Es una figura que permite que un niño o niña que ha sido separado de su entorno por graves vulneraciones de derechos pueda crecer en un ambiente familiar mientras se trabaja en su situación y se define una solución definitiva. El director regional del Servicio de Protección a la Niñez explicó que la charla no se queda solo en los servicios públicos sino que se replica en empresas, juntas de vecinos, municipios, fundaciones y cualquier espacio de la sociedad organizada que esté dispuesto a escuchar. El desafío es colectivo: que como sociedad se tome en serio el derecho de estos niños a vivir en familia.
Convertirse en familia de acogida no exige un perfil único ni una estructura familiar específica. Pueden postular personas solteras, parejas, convivientes o familias monoparentales, siempre que sean mayores de edad, cuenten con condiciones adecuadas para el cuidado y estén dispuestos a comprometerse con el proceso de evaluación, formación y acompañamiento que realiza el Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia. Lo que importa no es el tamaño de la casa ni la composición del núcleo familiar sino la capacidad de ofrecer un entorno seguro, protector y lleno de afecto a un niño que lo necesita.


















