La historia de este espacio, impulsada en sus primeros días por Renato Urrea en la Biblioteca Pública Municipal “Francisco Mesa Seco”, encontró eco inmediato en lectores de curiosidad inagotable. Nombres como Iris Bobadilla, Osvaldo Espinoza y la siempre presente Margarita Mora, demostraron desde la sesión inaugural que las ganas de debatir, asombrarse y descubrir nuevos mundo están más latentes que nunca. Aunque la biblioteca ha sido su sede oficial cada último jueves del mes, la confianza mutua ha transformado la dinámica del grupo. Cuando los horarios institucionales aprietan o no coinciden, las puertas de las casas de sus propios integrantes se abren de par en par. Así ocurrió precisamente durante la reciente cita de este mes de agosto: por temas de horario, la reunión se trasladó al calor de un hogar amigo, demostrando que los vínculos construidos ya trascienden cualquier espacio físico. Entre sillones cómodos, anécdotas y el infaltable quequito casero, la literatura volvió a ser la excusa perfecta para abrigarse del frío maulino y compartir la vida de manera más íntima. Basta escuchar el testimonio de Reinaldo Carreño para saber cuánto impacta en la vida de estas personas el tener un espacio en donde compartir mucho más que libros. Él viaja con devoción desde el sector rural de San Javier, en las cercanías de La Vaquería, convirtiendo este trayecto en el hito indiscutido de su agenda mensual. Yo soy jubilado, lo que significa júbilo, o sea, estoy contento , afirma con una convicción que contagia. Reinaldo encarna la esencia de un envejecimiento activo y totalmente autónomo. Frente a la narrativa que insiste en asociar esta etapa vital con las dolencias o el encierro, él elige el movimiento, la conexión humana y el gozo. Prepararse para este encuentro es, como él mismo confiesa entre risas, una verdadera fiesta . Mientras desmenuzan grandes obras literarias, el grupo ejerce una de las herramientas de bienestar social más efectivas que existen: la conversación libre y horizontal. En esta mesa compartida nadie exige credenciales académicas ni un análisis técnico. El único requisito para sentarse es el respeto genuino por quien toma la palabra y la voluntad de escuchar visiones distintas a la propia. Es un ejercicio de convivencia y validación en su máxima expresión. Como lo resume con precisión su cofundadora, Iris Bobadilla:Nos reuníamos para leer un libro y terminamos siendo amigos y amigas. Esta reflexión encapsula una enseñanza vital: la adultez mayor, cuando se transita tejiendo redes, con la flexibilidad de adaptarse, con proyectos en común y anclada en el disfrute de la cultura, se revela no como un cierre, sino como una de las etapas más libres, lúcidas y felices de la experiencia humana.
La historia de este espacio, impulsada en sus primeros días por Renato Urrea en la Biblioteca Pública Municipal “Francisco Mesa Seco”, encontró eco inmediato en lectores de curiosidad inagotable. Nombres como Iris Bobadilla, Osvaldo Espinoza y la siempre presente Margarita Mora, demostraron desde la sesión inaugural que las ganas de debatir, asombrarse y descubrir nuevos mundo están más latentes que nunca. Aunque la biblioteca ha sido su sede oficial cada último jueves del mes, la confianza mutua ha transformado la dinámica del grupo. Cuando los horarios institucionales aprietan o no coinciden, las puertas de las casas de sus propios integrantes se abren de par en par. Así ocurrió precisamente durante la reciente cita de este mes de agosto: por temas de horario, la reunión se trasladó al calor de un hogar amigo, demostrando que los vínculos construidos ya trascienden cualquier espacio físico. Entre sillones cómodos, anécdotas y el infaltable quequito casero, la literatura volvió a ser la excusa perfecta para abrigarse del frío maulino y compartir la vida de manera más íntima. Basta escuchar el testimonio de Reinaldo Carreño para saber cuánto impacta en la vida de estas personas el tener un espacio en donde compartir mucho más que libros. Él viaja con devoción desde el sector rural de San Javier, en las cercanías de La Vaquería, convirtiendo este trayecto en el hito indiscutido de su agenda mensual. Yo soy jubilado, lo que significa júbilo, o sea, estoy contento , afirma con una convicción que contagia. Reinaldo encarna la esencia de un envejecimiento activo y totalmente autónomo. Frente a la narrativa que insiste en asociar esta etapa vital con las dolencias o el encierro, él elige el movimiento, la conexión humana y el gozo. Prepararse para este encuentro es, como él mismo confiesa entre risas, una verdadera fiesta . Mientras desmenuzan grandes obras literarias, el grupo ejerce una de las herramientas de bienestar social más efectivas que existen: la conversación libre y horizontal. En esta mesa compartida nadie exige credenciales académicas ni un análisis técnico. El único requisito para sentarse es el respeto genuino por quien toma la palabra y la voluntad de escuchar visiones distintas a la propia. Es un ejercicio de convivencia y validación en su máxima expresión. Como lo resume con precisión su cofundadora, Iris Bobadilla:Nos reuníamos para leer un libro y terminamos siendo amigos y amigas. Esta reflexión encapsula una enseñanza vital: la adultez mayor, cuando se transita tejiendo redes, con la flexibilidad de adaptarse, con proyectos en común y anclada en el disfrute de la cultura, se revela no como un cierre, sino como una de las etapas más libres, lúcidas y felices de la experiencia humana.